cuánta belleza
los pibes juegan a la pelota
en la vereda de la cancha
y ahi va otra tendiendo sus castañas
por el sol de Arenales
no sé si serán las calles de Banfield
pero ellas cada vez más lindas
y yo más viejo
nomás las veo pasar desde el auto
y manejo con la ventanilla abierta
respirando los últimos calores del verano
unos suspiros
tratar de seguir mirando el camino
y no pensar en la gringa que vi ayer en el colectivo
esos ojos verde agua
esos labios enhiestos
no hay otra palabra
enhiestos
el vestido hinchado por las tetas amables
y unas gambas para calzarse dos italias
y yo que el viernes pasado caminaba
y me guardé un "rubia hermosa"
para una ciclista blonda
por la culpa del feminismo
me pregunto:
¿sera el deseo
o hace cuánto que no veo
una mujer preciosa
estando quieto?
domingo, abril 01, 2012
Movimiento
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Ezequiel
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5:04 PM
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miércoles, febrero 01, 2012
Una tortuga muerta llega a la orilla de Playa Grande
I
Caro me dice por chat
que Anto se cayó de una escalera
y quedó paralítica.
Así vuelve la muerte al tablero.
Ella no puede darme detalles
y me pide que no llame a la familia,
es un momento delicado.
Intento rastrear su actividad
por las redes sociales
y nada,
ni la madre,
ni el hermano,
ni ella,
nada.
Paso la siguiente hora
pensando como será la vida
con mi mejor amiga en silla de ruedas.
Pienso en el abrazo que no le di
cuando nos despedimos por última vez
antes de que vuele a Esquel.
Ya nunca lo va a sentir.
Comparto la noticia con mi viejo
y los dos nos miramos fijo
contagiándonos con los ojos el silencio,
pensando ahora los dos.
La bronca profunda que sentí
cuando me enteré un rato después
de que era una joda
solo se puede comparar con el alivio.
Igual la muerte
ya volvío al tablero.
II
Mi abuela Carmen falleció en su cama
en algún momento entre las 8
y las 10 de la mañana
del viernes 3 de enero
de 2012.
O al menos ahí un corazón dejó de latir.
Durante semanas le costó comer
y tenía alucinaciones,
estuvo unos días sin hablar
y hacía ocho años que tenía la enfermedad
de Alois Alzeimer.
Mi abuela Carmen tenía unas hojas
con cuentos míos
que le llevó mi papá.
Según él los leía,
no hay temporalidad posible
para describir cuán seguido
siendo siempre la primera vez.
Mi papá me dijo la noche del velorio
que el que más le gustaba
era ese que se llamaba "La mort".
Entendí que le debería llamar la atención
porque era un cuento cortísimo
y efectista
pero qué apropiado.
Cuando murió Jovita
no quise ver su cuerpo en el féretro;
casi nunca la conocí en vida a Jovita
aunque ahora tengo todos sus libros.
La vida decidió unirnos por la sangre,
el apellido y la biblioteca.
Los libros de Jovita
sin embargo
no tenían biblioteca.
Estaban empaquetados
en papel de diario
atados con cordel y apilados
en un altillo lleno de polvo.
Abrí cada uno de esos paquetes
medio como un nene en navidad
medio como imagino debe hacer
un ladrón de tumbas.
Sí elegí ver el cuerpo de mi abuela
tardé
tardé muchísimo.
Lo hice a las 3 de la mañana
cuando los pocos que quedaban dormían
en los sillones del salón.
Fueron nada más unos segundos.
Alcanzó.
La fuente de toda la hipocresía
está en este silencio:
¿cómo hacer para no pensar en que vamos a morir?
Dicen que la filosofía empezó
el día en que los griegos
tan esplendorosos
tan bellos
se dieron cuenta de que igual se estaban muriendo.
¿Cómo callar esta injusticia que es la mortalidad?
¿De qué revolución me pueden hablar
cuando estoy enfrente de un cajón?
Tantas remeras con el Che
¿quién me estampa a Prometeo o a Sísifo?
¿quién junta llaves para sus estatuas?
En la capilla siento impotencia
por no poder creer
¡creer aunque sea!
en ese lugar donde reencontrarse
y charlar de la vida anterior
como si fuera un partido en diferido.
Veo al cura en su sotana blanca
tan destinado a las sombras como yo
y lloro
no por el cajón que va hacia el fuego
sino por la injusticia
de que no haya afuera.
III
Una tortuga muerta
llega a la orilla de Playa Grande.
Fieles en malla
se hunden hasta el ombligo
para formar
el más salado de los cortejos fúnebres.
Va y viene
esa tortuga previa
con la marea
indecisa todavía de su entierro.
Se pierde tras las olas de nuevo.
Caminando por la arena dura
llegué a la playa donde finalmente
la lavó el mar.
Su craneo roto es obsceno
irresistible para sacarle fotos,
a ese animal imponente
teñido de blanco por la sal
parcialmente fosilizado
que se hizo visible ante los nadadores
como tributo de las olas,
a ese animal
ya no se le puede pedir nada.
Todos los turistas
la fotografiamos
con nuestras digitales
cuidadas hasta entonces de la arena
por sus fundas de cuerina.
Pero es imposible no notar
que todos respetamos la soledad
de la tortuga en el cuadro;
nadie quiere robarle cámara
a ese cuerpo inesperado,
echado sobre la arena mojada
grandioso
como un león en la sabana.
"Pobre tortuga"
me gustaría poder lamentarme
o al menos suspirar un poco
contra el viento
pero es fines de enero
y decido
que ya he pensado demasiado sobre la muerte.
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Ezequiel
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3:35 AM
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sábado, enero 28, 2012
Bomboncito
Creo que fue en el 92
cuando mi hermano me llevó
a canal 9 Libertad
para ver en vivo a Bomboncito.
Con cinco años me inquietaban
las piernas de lycra
y la pollerita azul
de esa animadora rubia
rodeada de colores de arcoiris.
Madrugamos, viajamos en tren,
tomamos un colectivo e hicimos una cola
en la puerta del canal.
Mi hermano me compró una Coca
yo estaba excitadísimo
pero me porté bien;
siempre me portaba bien.
Un guardia nos hizo pasar a todos,
los nenes gritaban a sus madres o al aire
y alguno lloraba.
Ni a mi hermano ni a mí
nos gustaban los nenes que lloraban.
Nos sentaron en unas gradas
frente a la escenografía vacía
a izquierda y derecha cámaras
y por todos lados cables.
"No te levantes o te podés tropezar"
me dijo Ale
después una señorita de anteojos
nos pidió lo mismo
a todos los chicos y los padres.
El estudio de a poco se llenó
pero Bomboncito no aparecía,
la espera era tan difícil...
me agarraba con las manos a las gradas
para no salir corriendo a buscarla.
Más allá de las luces
el techo del estudio era negro
la gente grande iba y venía
con papeles en las manos
o revisaba aparatos.
Salió el perro, Hocicón,
yo lo vi primero,
todos lo saludamos:
"¡Hocicón! ¡Hocicón!"
El peluche se dio vuelta
y movió la cola para nosotros,
bailó y saludó con la mano.
Hablaba con una nena
que chupaba un caramelo
hasta que mi hermano me sonó los mocos
con un pañuelo que era de mamá.
Tenía la cara hundida en la tela
cuando todos chillaron.
Ahí la vi, ahí estaba,
de azul, amarillo y rojo
dos colitas
y los cachetes brillosos.
Desde donde estaba nos tiró un beso
habló con un señor,
ella también tenía un pañuelo
que se guardó.
Cuánta ansiedad cuánta alegría
qué díficil quedarse ahí sentado
atornillado con mis manos
saltando en el lugar.
El programa comenzó y todos cantamos
para recibir a nuestro amor
la chica de anteojos nos pidió que recitemos:
"¡Buenas tardes, Bomboncito!"
pero ya todos lo sabíamos.
Bomboncito entró saltando,
pero no nos saludó,
sonrió a la cámara y en silencio
se subió con la mano izquierda
un poquito la pollera.
Mi corazón infante se detuvo
al ver esa liga,
esa lycra cobriza,
mi boca exigió un dedo
para suplantar
el contorno final
de esas piernas inimaginables.
Tanto me absorbió
lo que mostraba la izquierda
que no vi lo que sacaba
con la mano derecha.
La gente grande se agitó
y un solo hombre se levantó
tarde de la platea;
Bomboncito se llevo eso a la boca
y explotó algo en su cabeza.
Todos aullaron cuando se desplomó,
los otros nenes estaban con la boca abierta,
todo era tan lento,
miraba la mirada de mi hermano
tan virgen de muerte como yo
más aterrorizado
más inmovil, con la boca más abierta.
Cuando pude apartarle la vista
dos hombres estaban sobre mi amor;
una bella durmiente
sobre una sábana roja,
se le veía la bombacha
y seguia muda.
La señorita de anteojos nos sacó,
todos en brazos de sus padres
llorando incansables, pataleando.
Mi hermano también me alzó
aunque yo no lloraba.
Sobre su hombro alcancé a ver
en el suelo por última vez
los labios retorcidos
rojos,
nunca más rojos,
de Bomboncito,
tan cerca,
tan linda.
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Anacoresis
El hombre,
un herbívoro envidioso
que quiso depredar a sus depredadores
busca el útero en una cabaña
en un cuarto sin luces
en una caverna,
tan acertada la expresión criolla
de "irse a la concha de su madre".
Hubo un tiempo en que los bosques
y los desiertos
estuvieron plagados de eremitas.
Acá las pampas las ganó el Estado
y las selvas, los jesuitas.
Pero aún sobra espacio para estar solo,
aun sin jaguares que nos laman las heridas
en nuestro lecho de muerte,
todavía hay lugar para estar solo.
Buscamos refugio
porque sufrimos una guerra civil,
el cuerpo quedó una casa
pero con el techo roto.
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Ezequiel
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4:20 PM
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Nuestro Mordor
Si cruzamos un descampado
o un cordón de fábricas
tras el humo negro,
en los charcos de las calles de tierra
o entre los ladrillos y las chapas
todos tenemos
nuestro Mordor.
Desde la ventanilla del tren
veo a una chica
bañarse con una manguera
y me pregunto
cuando dejó de sentirse observada.
Vías y autopistas
volando sobre las cenizas
que señalan el orgullo
liberador de nuestro miedo.
Imaginamos las escenas
que nos da terror interpretar
o recordar.
La adolescente de la manguera
no me percibió jamás,
podemos pelearnos por ver quién está peor
pero la chica de la manguera
no me va a ver jamás.
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Ezequiel
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4:16 PM
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Lectura de poesía
Florencia es muy amable
y me invita nuevamente a su lectura de poesía.
Hace un tiempo ya que hago esto
y cada vez lo siento más ajeno.
Leo mi primer poema, en una ronda
de poetas
y de público,
un poco entrecortado.
Detesto empezar las veladas.
Sin aplausos, advierto que voy a leer el segundo
pero un chico me interrumpe
y me dice si mejor
no vamos leyendo de a uno
cada uno.
Me parece bien pero quedo
medio descolocado,
pienso que hice el ridiculo.
El chico se pone a leer
y noto por primera vez
verdaderamente
su presencia magnífica.
Lleva puestas unas calzas brillantes
o más bien
negras, con brillos fucsias
azules y turquesas.
Tiene una camisa suelta y encima
un collar de perlas de fantasía.
Tiene el pelo parado con cera,
apenas puedo escuchar su poema
aunque lo recita fuerte, gritando,
incluso para hacerlo se ha parado;
lee claro, muy bien,
pero las palabras no me alcanzan
quedan filtradas por su look.
Me siento impresionado y envidioso
por la presencia de un poeta.
Luego lee el tipo de los panes calientes
que ahora vende libros
tiene un cuadernito
con una letra demencial
que le espío.
Leen dos chicas
de voz muy bajita
a pesar del esfuerzo
no entiendo casi nada de lo que balbucean,
y ya me toca de nuevo.
El segundo me sale mejor
y eso que es un relato pegajoso
patético
que debería dar un poco de vergüenza.
Al panadero le gusta mucho
pero yo quiero ver la cara
del poeta de los collares
que no me enseña nada.
Está como en trance...
Asus lados lo escoltan dos fans
una está buena;
imagino sus orgías excitadas por la exhuberancia del lenguaje;
y yo todavia escribo poemas rimados.
Su segundo poema es más estridente
y está lleno de sustantivos
casi exclusivamente.
Florencia lee un poema que me gusta,
el de la toma del 2010,
año fatídico.
El panadero le canta un triunfo
a Lukanikos
el perro griego combativo.
Cuando me piden leer el tercero
me excuso y digo que
me salió tan bien el anterior
que no quisiera opacarme con otro.
En realidad deseo esta vez
con cen trar me
en los últimos versos
del poeta de las calzas.
Pero antes que él
lee una de sus fans
la linda.
Es un poema nervioso y agresivo,
incómodo,
de violaciones o sexo angustiante,
le habla a un hombre al parecer despreciable.
El poeta cierra el show
con un rapto consonántico sin respiro
envidio sus pulmones,
el poema es divertido.
Todos aplaudimos
a eso que ha ocurrido
que se supone
es la poesía
todavía.
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Ezequiel
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2:48 PM
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domingo, diciembre 04, 2011
El halcón de Federigo
Federigo arde en deseos
por la señora Giovanna de Barzione
la señora Giovanna de Barzione
es señora de Barzione.
Federigo gasta su fortuna
cortejando en vano
a la mujer comedida.
Solo se queda con una finca
y un altivo y valiosísimo halcón de caza.
Ocurre entonces que muere Barzione,
apenada y de luto se muda la señora
con su hijo a un campo
fatalmente vecino al de Federigo.
El niño, por desgracia, enferma gravemente
y compadeciente pide a su madre un único deseo:
tener para sí el noble halcón
que incansable y soñador
ha visto volar majestuoso en el campo vecino.
Giovanna, a pesar de su decencia,
consiente al capricho de su enfermo
y le endulza el oído a Federigo
quien la invita a cenar consigo.
Pero nota con tristeza el empobrecido
que no tiene alimentos
ni dineros para comprarlos.
Entonces, desesperado,
cocina al halcón preciado.
Imaginemos por un momento
la cara de Federigo
cuando recibe el pedido
los huesos pelados sobre la mesa todavía
y los gritos de la madre,
amada y dolida.
El niño muere y sus tíos ven mal
la soledad de su madre y su fortuna,
le dicen que una mujer de su condición
no debe marchitarse
ni puede sola administrar segura.
Obligada, ella declara:
"Si debo hacerlo prefiero
un hombre bueno que necesite riquezas
que uno rico y necesitado de nobleza
casadme con Federigo".
En este cuento hay varias formas de amar
a una señora
a un ave
o aun hijo,
mas parece que no a un hombre.
Pero más que de amor
es la economía, idiotas,
Federigo
quien ha demostrado ser un derrochón
gana la fortuna
y no el corazón
de la viuda.
Aunque si el mandato
era cuidar su patrimonio
¿por qué elegir a ese vicioso
sino por gloriar el gesto liberal
de quien sacrificó su único bien con locura?
¿La frialdad de Giovanna
ha cedido ante su pena?
No, ha recrudecido.
La señora actúa por piedad
a quién está enamorado
aunque vanamente
y eso
lo sabemos
es crueldad.
Con esa mujer sin amor
Federigo acaba contento
como trofeo de caza
último botín de su azor.
¿Dónde quedó el querer?
Lo hubo de una madre a un hijo
y de un hijo a un halcón.
Del amor y de los dos
quedaron solamente los huesos.
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Ezequiel
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6:17 PM
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sábado, noviembre 19, 2011
Cómo nos explicamos las cosas
Las cosas pasan
y no entran en ningún lado
pero hay invención del relato
y así algo queda
de lo que pasa de lado.
Eso se llama experiencia,
un epitafio del acontecimiento
compuesto con cinceles
sobre la piedra de la verdad.
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Ezequiel
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5:07 AM
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jueves, noviembre 03, 2011
Fines de octubre
Volvieron los mosquitos
que a mi no me pican
pero que me zumban las orejas
y no me dejan dormir.
El otro día me enteré
de que cerró el bar
en el que me peleé con ella.
Y bueno, viejo,
ya pasó un año
desde que se murió Néstor,
pasás los días papando moscas
sin picaduras
pero seguís rascándote igual.
Mirá como llegaste
hasta acá,
quién te lo decía
más que todo el mundo.
Tengo una sobrina
que no es tal
pero que es una perla,
tengo la sensación de estar viviendo
los últimos días en mi casa
y el fresco del verano
entrando por la misma ventana
donde antaño procesaban polillas.
Mirá cómo llegó.
Con otro poema malo.
No importa,
mañana probamos de nuevo.
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Ezequiel
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11:42 PM
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viernes, septiembre 23, 2011
Problema de restaurants
A uno le gusta hablar
mirando a los ojos
pero también quiere tener
al otro al lado.
Si nos sentásemos
frente a un vidrio espejado
¿comeríamos con nosotros?
¿o con nuestras imágenes?
Me gusta que me pidas
que me siente al lado tuyo
como me gusta que me mires
al fondo de los ojos.
Me doy cuenta de algo parecido:
no me interesa ser lindo
nada más quiero que me digas "lindo".
Entiendo todo cuando me mirás
al fondo de los ojos,
donde nace tu reflejo
de mi lado.
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Ezequiel
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6:54 AM
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